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Jun 11

Carmen Fanlo y Pepe Gallego se jubilan


LOLA LACAMBRA. El curso que viene celebramos en el instituto el 50 aniversario de su inauguración. Medio siglo, que se dice pronto…

Hace ya unos meses, hablando con Nieves Murillo (presidenta de la AMPA) y con Carmen Bello (directora del instituto) se habló de sacar un O Choben especial 50 aniversario en papel que recogiera de alguna manera los cambios que durante ese tiempo se han ido sucediendo en la educación de este país a través de la experiencia en el centro de varias personas: profesores, maestros, alumnos…

Carmen Fanlo y José Gallego se jubilan este curso y ambos, a mi entender, forman parte de ese grupo imprescindible. No se nos podían escapar ahora y dejarnos a todos sin la oportunidad de agradecerles todo lo que nos han enseñado. Ambos son excelentes personas y mejores profesionales, ciudadanos honestos, coherentes y discretos que hubieran preferido que no les invitara a esta “entrevista” y que yo no hubiera insistido en ello. Yo no poseo sus cualidades… pero, insistente, cuando pienso que no hacerlo es un pecado, lo soy.

Carmen ha sido alumna, hija de profesora, profesora durante 37 años, madre de alumnos, jefa de estudios, vicesecretaria… Es decir, que lleva toda su vida, algo más de ese medio siglo, vinculada profesional y personalmente con el instituto.

Con Pepe insistí en que no quería respuestas escuetas… Le pedí un relato detallado de lo que ha sido su vida desde que inició magisterio hasta llegar al Domingo Miral, porque Pepe ilustra muy bien lo que ha sido el buen maestro durante este último medio siglo.

Sé que a ambos les da pudor porque son del grupo de compañeros que consideran que les pagan por hacer lo que hacen y que no hace falta hablar de ello. Por eso quiero pedirles disculpas, porque he abusado de la amistad y del cariño que les tengo sabiendo que son incapaces de decir que no cuando se les pide algo. Especialmente a Pepe, con el que me pasé alrededor de tres deliciosas horas sometiéndolo a un interrogatorio en tercer grado mientras tomaba apuntes y más apuntes y para colmo, cuando terminamos le dije: toma, me lo pasas a word , no te dejes ni una sola cosa y me lo envías por correo electrónico; así que encima se llevó “deberes”.

Por último, darles las gracias en nombre de todos nosotros, por el gran regalo que son sus palabras.