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Jun 11

Don José Gallego, el maestro.


Nace en Huesca un 24 de Julio de 1949. Con cuatro años ingresa por primera vez en la escuela y desde entonces, salvo el año y medio del servicio militar obligatorio (1969-71) lleva 58 años entre las aulas, de ellos, 43 como maestro.

Empezaste muy jovencito como maestro (tan apenas 19 años) y te tocó la típica emigración de aquellos años por escuelas rurales de pueblos pequeños y mal comunicados donde seguro te trataba todo el mundo de usted y de Don José: Loarre (1968-69), Pío XII (69-70), Tierrantona – La Fueva (1970-74), Huesca-La Normal (1972-73), Tamarite de Litera (1973-74) ¿Qué recuerdos tienes de esos años y de tu experiencia como maestro rural? ¿Qué tal las fondas, el catecismo, las inspecciones, las clases de grupos de niños o niñas y la estufa de leña?

Como la pregunta es muy larga voy a ir por partes:

Mis estudios: Eran otros tiempos, otro tipo de  sociedad, de vida, de necesidades, otros planes de estudios… Con 10 años entré al Instituto y no me pasó nada; digo esto porque algunas familias, cuando empezó la ESO, tenían miedo porque sus hijos de 12 años, tenían que ir al Instituto. Acabé los cuatro años de bachiller y, a los 14 años, entré en la Escuela de Magisterio de Huesca; no me hice maestro porque tuviera especial vocación, a esos años no se puede tener, sino porque era una buena salida, se podía estudiar en Huesca, las posibilidades económicas de mi familia eran escasas y mis padres hicieron lo posible para que estudiara. Hice tres años de Magisterio, aprobé las oposiciones y ya estaba en disposición de emprender una nueva vida.

Loarre: Me nombraron maestro de Loarre y allí fui con mi inseguridad, miedos…sin saber muy bien lo que me esperaba. Yo había vivido siempre en Huesca, había salido poco de casa, nunca había vivido en un pueblo…Viví en una casa particular, con una familia estupenda, donde me sentí tratado como un hijo. Al llegar, todo cambió; todas las personas, independientemente de su edad,  me trataban de usted, Don José,  porque era el maestro al que se le debía un respeto. Pasé a formar parte de las fuerzas vivas de la localidad: el cura, el médico, el maestro…y me llegaron una serie de obligaciones y responsabilidades de las que no sé si me daba mucha cuenta. Aquella escuela tenía un maestro y dos maestras; yo me ocupé de los chicos, un grupo en el que había alumnos de 1º a 6º y todavía recuerdo sus nombres “Carlos, Santi, José Antonio, Javier…” y de qué casa eran; con ellos aprendí cómo se llevaba de verdad una escuela unitaria en la que los mayores ayudaban a los pequeños… Sin acabar el curso, tuve que dejar todo para ir a hacer el servicio militar. Guardo muy buenos recuerdos de mi estancia en Loarre; si hubiera podido, no me hubiera movido de allí.

Tierrantona: En enero del 71 llegué a Tierrantona que es un pueblo de la comarca de “La Fueva”. Viví en una fonda, que estaba situada en la plaza del pueblo y desde la que se controlaba un poco la vida en la calle; digo esto porque uno de los mayores problemas que tuve fue la soledad, el aislamiento, la falta de comunicaciones… en aquellos tiempos no tenía coche, tenía que coger dos autobuses y un taxi para poder llegar o salir del pueblo y, en esto, se empleaba mucho tiempo. Con 21 años, mi vida estaba en Huesca y esto me hizo la vida más dura en el pueblo. Por lo demás, en el pueblo estuve muy bien; tenía un grupo de chicos de todas las edades y, al final de curso, apareció un negrito que venía de Estados Unidos y  que me hizo santo; me llamaba  “San José”. En esta escuela seguí “aprendiendo” a ser maestro; me di cuenta de las  distintas hablas y estilos de vida de las gentes….Me queda un sabor amargo de esta época ya que, como luego veréis, parecía un fugitivo; durante dos años tuve que dejar el pueblo a principio de curso para ir a trabajar a otros sitios; esto no era bueno para el pueblo que, afortunadamente, ha progresado mucho y tiene una excelente escuela a la que acuden los alumnos de los distintos pueblos de La Fueva.

En aquellos tiempos era muy deportista y aproveché el verano del 71, para obtener en Pamplona el título de Maestro Instructor de Educación Física; eran los primeros títulos para poder dar Educación Física en la Escuela.

Huesca – La Normal: Desde Tierrantona fui a Huesca, en comisión de Servicios, a trabajar en la escuela Normal. Allí  conocí la diversidad de otra manera ya que me hice cargo de la clase “123”, una clase con gran número de niños de 1º, 2º y 3º; era una clase en la que habían agrupado a niños con dificultades y a otros que iban muy bien. Conocí por primera vez lo que era trabajar en un colegio grande y, como anécdota, tuve que ir con todos los niños en la procesión del Domingo de Ramos. Dado que estaba en Huesca, al salir de la escuela me iba a estudiar y me saqué la especialidad de Lengua  e Inglés.

Tamarite de Litera: Esta vez, desde Tierrantona me mandaron a Tamarite. Fue un poco frustrante ya que tenía que dar por la noche clases de adultos, solo había una alumna, y por el día estaba de apoyo en el Colegio de Tamarite. Allí me tocó hacer de todo; en aquella época se pusieron de moda las fichas y como había alumnos que no las tenían y no había fotocopiadoras, me tocaba copiar a mano aquellas fichas, con sus dibujitos y todo. Al cabo de unos meses, causó baja un maestro y me hice cargo de las clases de Lengua en la 2ª Etapa del Colegio (6º-7º y 8º). Esos fueron mis inicios como maestro de Lengua con grupos de alumnos de 2ª Etapa (de 12 a 15 años).

En 1974 consigues plaza definitiva en el Colegio San Juan de la Peña de Jaca y ejerces allí de maestro durante 22 cursos. Además de criar a varias generaciones de padres e hijos, te implicaste mucho como maestro con tus alumnos y sus familias, en el comedor con los más pequeños, en los viajes de estudios final de curso anuales, o como Jefe de Estudios y Director en varias ocasiones sacando adelante con tus compañeros varios proyectos bastante innovadores.  ¿Nos podrías hablar un poco de todo ello? ¿A qué cursos dabas clases? ¿De qué proyectos guardas un recuerdo especial?

En el 74 me casé y me vine a trabajar a Jaca, al Colegio San Juan de la Peña, en el que he estado 22 cursos. Definitivamente aquí me hice maestro y este fue mi colegio. En el Colegio había una Escuela Hogar en la que estaban internos alumnos de pueblecitos muy alejados y venían niños de casi todos los pueblos de la comarca; por eso, durante muchos años, fui conociendo y trabajando con  personas de toda la zona. Con el paso del tiempo, el Colegio se desdobló y se formó el Colegio Monte Oroel, al que fueron bastantes alumnos y profesores de San Juan de la Peña. Cuando a los alumnos les cuento que en el patio de recreo había una piscina no se lo creen; en esa zona se hizo un tobogán único y yo he dejado mi huella en ese recreo; un verano nos juntamos  un grupo de padres, una madre, un abuelo y algunos niños que ayudaban e hicimos el arenero, la fuente y esa pared tan bonita con forma de casa; fue un buen ejemplo de colaboración con las familias.

Llegamos varios maestros al mismo tiempo y encontré un equipo de personas muy valioso, tanto a nivel personal como en el aula. Había maestros innovadores y el resto, en vez de poner trabas, se enganchaba al carro (ahora se dice proyectos). Se empezó con las Semanas deportivas, cuando no se hacían en ningún sitio; se inició la integración de los alumnos con necesidades especiales en las aulas (hasta entonces estaban todos juntos en un aula); los cursos de Educación Sexual, con la participación activa de los padres…Yo me iba metiendo en todo lo que salía y podía; me quedaba en el Comedor cuidando a los niños más pequeños, a pesar de que daba clase a los mayores; organicé y fui a los viajes de estudios Madrid, Barcelona, Mallorca, Toledo…Fui director durante tres años; Jefe de Estudios otros cinco años; Secretario…, además de tutor… Durante todo este tiempo el Colegio y yo fuimos cambiando y creciendo.

Yo siempre trabajé en 2ª Etapa (6º, 7º y 8º) y no era como ahora. A principio de curso nos juntábamos los maestros, veíamos las asignaturas que había que dar y nos las repartíamos para que el curso se organizara de la manera más eficaz posible; me tocó dar todas las asignaturas excepto las Ciencias Sociales y la Pretecnología. Con el paso del tiempo, esto cambió y entraron en juego las especialidades de los maestros.

Al final me tuve que ir del Colegio. Recuerdo con mucho cariño y nostalgia aquella época de mi vida; a los maestros que nos dejaron Elisa, Nemesio, Inés, Tomás, Nati…; a los que se jubilaron antes que yo tanto de un colegio como del otro, pero con los que nos seguimos viendo a menudo; a los maestros que se han ido a trabajar a otros sitios; a los alumnos del Colegio, muchos de ellos padres de los actuales y a las familias con las que tuve muy buena relación y ,en tantas ocasiones, trabajamos juntos.

Como curiosidad de mi paso por la escuela, donde todos nos llamaban de usted Don José, Don Felipe… durante unos seis años fuimos los únicos profesores del Instituto a los que nos trataban de “Don”; esto duró mientras fueron llegando aquellos alumnos que nos conocían del San Juan de la Peña; a partir de aquí, se acabó el Don, me llegó el Tú y me llamaron Pepe; algunos padres no entienden que sus hijos me llamen Pepe, cuando ellos me llaman Don José.

En 1990 se pone en marcha la nueva ley educativa LOGSE (Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo de España) y lo que antes era 7º y 8º de EGB (Enseñanza General Básica) se convierte en 1º y 2º ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria) y los alumnos/as de 11 y 12 años tienen que dejar el colegio para ir al instituto. Esto conlleva, además de que la enseñanza obligatoria se alargue dos años (hasta 4º de la ESO) que sobren maestros en los colegios y que en los institutos los profesores del antiguo BUP se inquieten al tener que acoger a niños tan pequeños y tan diversos.  ¿Qué sentiste al tener que dejar tu colegio en el curso 1995/96 y por qué lo elegiste?

Me tuve que ir del Colegio por eso, por la ESO. No me sentó bien tener que dejar el Colegio; como los alumnos de 7º y 8º pasaban a los institutos a estudiar ESO, casi todos los maestros que les dábamos clase nos quedamos sin la plaza que teníamos, a pesar de ser mucho más antiguos que otros maestros que se quedaron. Gracias a que tenía varias especialidades, hay que formarse todo lo que se pueda y nunca nos tenemos que dar por satisfechos, pude quedarme en Jaca. Decidí  venir al Domingo Miral porque aquí venían los alumnos del San Juan de la Peña; porque venía con Felipe, mi amigo; porque iba a dar Lengua y porque en el Departamento y en el Instituto tenía buenos amigos; alguno, Antonio, de toda la vida. La nostalgia hizo que me informara de cómo podía volver al Colegio San Juan de la Peña, pero perdía toda mi antigüedad y pasaba a ser de los últimos en el Colegio. Al cabo de un tiempo, ya no hubiera vuelto porque me encontraba muy bien en el Instituto, trabajaba con alumnos de las mismas edades que en la Escuela, el horario de jornada continua era mejor, los compañeros me trataban muy bien…

 

Nos han contado que jugaste a Baloncesto en varios equipos y diferentes ligas; que fuiste entrenador  y que durante mucho tiempo te juntabas con amigos para jugar. ¿Nos podrías hablar de ello? ¿Cuándo empezaste? ¿Dónde y qué ligas jugaste? Ahora que te jubilas ¿no vendrás a jugar al recreo un Sunny 3×3 con nosotros en el 50 aniversario en plan “viejas glorias”?

Empecé jugando en el equipo del Instituto Ramón y Cajal; luego jugué muchos años en el equipo “Peña los 30” de Huesca y el año 1974, gané el trofeo al máximo encestador del Campeonato Senior de la provincia. Llegué a Jaca jugando con este equipo y al año siguiente,  jugué con el equipo de Jaca durante bastantes años. Al mismo tiempo, nos empezamos a juntar en el gimnasio del Instituto, entre semana, un grupo de maestros y profesores  (Jesús, Antonio, José Ignacio, Quique…); a nosotros se unían aquellos alumnos mayores que hacían bachiller además de otras personas de Jaca a las que les gustaba el baloncesto. Hicimos equipos para participar en aquellos campeonatos que venían a mano, en alguna ocasión el equipo se llamaba “Maestros”.

 

En el Colegio San Juan de la Peña, en los recreos, en la hora del comedor…me gustaba jugar con los alumnos; empecé a entrenar equipos de chicos y de chicas del Colegio e incluso entrené a algún equipo del Instituto; no voy a citar nombres porque me saldría una lista enorme y me dejaría a gente; pero como representación os puedo citar a Nacho Biota, que empezó a jugar en el Colegio hasta que llegó a 1º de bachiller en este Instituto; de aquí pasó a jugar en Huesca y luego llegó a la ACB donde estuvo varios años.

Desde hace unos años, he dejado de jugar aunque nos seguimos juntando, para Navidad, un grupo de unas treinta personas para jugar un rato y recordar tiempos pasados; a la mayoría de personas de este grupo les he dado clase, he convivido con ellos y hemos hecho excelentes relaciones;  muchos de ellos son padres de alumnos de este Instituto.

El baloncesto ha sido una de las mejores que han podido pasar en mi vida; me ha dejado amigos en Huesca y, especialmente, en Jaca donde he pasado 37 años de mi vida; a veces sueño que estoy jugando y están conmigo todos esos amigos que he hecho.

En el 50 aniversario, si hacéis algún Sunny 3×3, si mi cuerpo está en condiciones, prometo entrenarme un poco y jugar.

En el curso 1996/97 te incorporas como profesor de primer ciclo de la ESO en el departamento de Lengua y Literatura, sin embargo, tú tenías otras especialidades adscritas como maestro (Educación Física, Matemáticas y Ciencias Naturales, incluso Inglés) ¿Por qué ese departamento? ¿Cómo fue la adaptación a un instituto de secundaria en proceso de cambio y adaptación a la nueva ley por el cual ya habían pasado algunos de tus hijos como alumnos? ¿Te sentiste bien acogido?

Antes de venir al Instituto tenía muchas dudas, ya que los maestros nos incorporábamos a los institutos y, presuntamente, éramos unos “intrusos” que quitábamos puestos de trabajo a los licenciados y podíamos hacer que bajara la calidad de la enseñanza. Tengo que decir que fuimos excelentemente acogidos y  que nunca vimos un gesto, una actitud, unas palabras… en contra.

Con todas las compañeras del Departamento tenía muy buena amistad desde hacía mucho tiempo y me lo pusieron muy fácil; en todo este tiempo esa amistad se ha transformado en algo más profundo y ahora son  de  la “familia”.

Como no había sitio en el Instituto, el primer año seguimos dando clase de 2º de ESO en el “San Juan de la Peña” y los alumnos iban al recreo del Instituto, gimnasio… Era un grupo numeroso y en cada clase había unos 32 alumnos. El Instituto y sus profesores tuvieron que adaptarse a lo que no estaban acostumbrados: alumnos de 12 años, alumnos con necesidades educativas especiales, alumnos con capacidades muy distintas, a la diversidad, a las guardias de recreo… Los alumnos observaron cosas a las que no estaban acostumbrados: gente fumando en el propio instituto, alumnos mayores, otro tipo y variedad de profesorado, instalaciones nuevas… Enseguida encontraron su sitio y se adaptaron fácilmente.

Los maestros ya conocíamos bastante el Instituto; pero como padres ya que nuestros hijos habían estudiado o estudiaban allí.  El equipo directivo y compañeros hicieron fácil nuestra adaptación al centro. Pienso que en aquellos primeros años fuimos un enlace entre la antigua EGB y la ESO; entre los alumnos y los profesores. Con el paso del tiempo el profesorado del Instituto se ha adaptado totalmente a dar clases a alumnos de 1º y 2º de ESO; al principio se les veía un cierto temor o precaución y preferían dar clase a alumnos mayores.

14 años en el IES Domingo Miral… Tutor durante muchos cursos de 1º o 2º ESO, jefe de estudios del 2001 al 2006, el único “miembro” en un departamento de chicas (exceptuando este curso a Jorge)… Desde entonces ha habido que adaptarse a numerosos cambios y proyectos escolares: dinamización de la biblioteca, agrupamientos flexibles, adaptaciones, gratuidad de libros, nuevas tecnologías… ¿Te gusta el trabajo de tutor? ¿En qué consiste?

Aunque parezca mentira, el trabajo de tutor me gusta y, sobre todo, con los alumnos que llegan por primera vez al Instituto, los de 1º. A principio de curso me gusta llevarlos por el Centro, orientarles, cuidarles… Son muy agradecidos y este año he tenido mucha suerte porque 1º A, grupo del que he sido tutor, ha sido muy bueno. El trabajo es duro y debería estar retribuido de alguna forma. Te tienes que encargar de que el alumno se encuentre a gusto, que no tenga problemas con nadie, que se esfuerce, que se porte bien…Tienes que hacer un montón de trámites administrativos, papeles, notas… y, a veces, pareces el chico de los encargos. Te ocupas del control de los libros, de pasarles toda la información que llega, de impartir el curso de Educación para la Salud… Al mismo tiempo, eres el punto de unión entre las familias, el Centro y el resto de profesores. A veces te llueven los problemas; si el chico se porta mal y le ponen un parte parece que tú eres el culpable; los alumnos se quejan de los profesores; los padres, parecido; los profesores se quejan de los alumnos… Te tienes que reunir con las familias y, en muchas ocasiones, lo haces fuera del horario escolar, por la tarde, para darles facilidades… Podía seguir diciendo cosas pero, al mismo tiempo, me gratifica ser tutor cuando acabo el curso y veo que todo ha ido bien y que he conseguido contactar con mi grupo.

43 años dan para hacerse una buena visión de conjunto de cómo ha cambiado la educación desde 1968. ¿Qué opinión tienes tú al respecto? ¿Qué es lo más positivo y lo más negativo de la profesión a lo largo de estos años? ¿Qué cosas han mejorado y cuales crees tú que han ido a peor?

Pienso que la educación va evolucionando al mismo tiempo que la sociedad. Por aquellos años, los alumnos iban a la escuela y al acabarla algunos se iban a trabajar, otros a la antigua Formación Profesional y los demás al Instituto; aquí llegaban los alumnos bastante seleccionados ya que habían tenido que aprobar 8º y obtener el Graduado Escolar. La EGB me pareció una buena Ley y podía haber funcionado mucho mejor; en la escuela se encontraban alumnos de todo tipo, allí estaba esa diversidad que en los institutos no se conocía; en general, había un buen nivel de estudios y se daba una buena formación.

Al llegar la ESO, todos los alumnos pasaron al Instituto por lo que se han tenido que producir unos cambios importantes para dar una atención adecuada: agrupamientos flexibles, adaptaciones curriculares, apoyos, PAB, Diversificación…El Centro intenta dar una respuesta adecuada a las demandas de la sociedad: Plurilingüe, aulas de informática, pizarras digitales, tablets pc, proyecto lingüístico, Comenius, Biblioteca. Educación para la Salud, programa de gratuidad de libros de texto…

No tengo muy claro ni la necesidad de las pizarras digitales y los tablets  ni la utilización real que se va a hacer de ellas y tampoco tengo claro qué esperan los alumnos, las familias y la sociedad de la educación: la cultura del esfuerzo no existe; cada vez se trabaja menos; planteas actividades para casa que no las hace casi nadie; se estudia poco; se hacen las cosas con poco rigor… pero se espera que los alumnos aprueben, que no repitan y que pasen de curso en las condiciones que sea; que las estadísticas mejoren… Se mima poco a los profesores que están siempre en el punto de mira y cada vez aumenta más la presión…

Parece que maestros y profesores vivamos muy bien gracias a un horario intensivo de mañana y unas largas vacaciones ¿Nos puedes hablar un poco de qué deberes te llevas tú a tu casa?

Se critica que trabajamos poco, que tenemos muchas vacaciones, que tenemos un trabajo estable… Están equivocados y me temo que algunos seguirán así de por vida. Además de lo que trabajamos en clase, tenemos que dedicar mucho tiempo a formarnos; a preparar las clases; a coordinar nuestro trabajo; a entrevistarnos con las familias, en muchas ocasiones fuera del horario escolar; a corregir exámenes y trabajos… Un apartado especial es la corrección de cuadernos. Me gusta revisar hasta la última letra que escriben los alumnos, su ortografía, los signos de puntuación, el rigor en la expresión, la presentación… Mi familia sabe lo que estoy diciendo; durante muchos años, me han visto pasar muchísimas horas de “mi tiempo libre” amarrado a los cuadernos. Lo peor de todo esto es que muchas veces pienso que todo este esfuerzo no vale para nada, que los alumnos no se miran las correcciones  y que solo les interesa si les pones alguna nota.

¿Animarías a nuestros alumnos a que se hicieran profes? ¿Qué consejos les darías?

Desde luego que animo a los alumnos a que se hagan maestros. Es una profesión muy bonita, que te permite estar en contacto durante toda tu vida con la gente joven; te permite innovar; cada día es distinto al anterior y cada clase es distinta; estás en continua formación, no te puedes quedar atrás; al mismo tiempo que enseñas, aprendes de los demás; es una profesión muy humana, trabajas con personas, y por lo tanto es un trabajo de gran responsabilidad; se establecen lazos y relaciones que en otros trabajos, es imposible que se den. Pero, al mismo tiempo, les quiero hacer notar las dificultades que tiene: la falta de respeto con la que te encuentras; lo que hay que aguantar; la incomprensión de las familias y de la sociedad que cada vez es mayor; la presión a la que te ves sometido; lo poco valorado que está nuestro trabajo; las lecciones que te intentan dar algunos padres y madres, diciéndote lo mal que lo haces y cómo lo debes de hacer… Además, les digo a los alumnos que no se harán  ricos en este trabajo pero que podrán vivir de una manera digna.

Más que darles consejos, me gustaría que reflexionaran sobre lo que pasa en las clases; los alumnos que distorsionan, que no dejan que todo funcione con normalidad; la falta de respeto a los profesores y compañeros; el poco esfuerzo; el realizar las actividades con poco rigor y calidad…; la falta de  puntualidad… Si piensan en todo esto, pueden valorar el trabajo de los profesores, las condiciones en las que se está trabajando, cómo deberían actuar ellos y cómo no les gustaría ser tratados si se hicieran profesores; quizá se les vayan las ganas de estudiar esta carrera.

¿Quieres decirle algo al alumnado? ¿A tus compas? ¿A las familias? ¿A las “altas instancias”?

En general, en todo este tiempo en el Instituto me he sentido respetado y bien tratado por la casi totalidad del alumnado, por lo que les doy las gracias y agradezco su trato hacia mí. Yo he procurado tratarlos con cuidado, intentando no herirles, aunque alguna vez no lo habré conseguido, por lo que les pido perdón. Aprovecho para decirles que vale la pena que se esfuercen, que la vida es dura y lo van a tener difícil, que se formen al máximo y aprovechen todas las oportunidades que se les ofrezcan. Al mismo tiempo, les pediría que sean muy cuidadosos en el trato y respeto con todas las personas  que trabajan en el Instituto. En fin, que sean y hagan felices a los demás.

A los compañeros, les puedo decir que ha sido un placer haberlos conocido y haber trabajado juntos; que hay un ambiente muy bueno en el Instituto y que sigan así;  que vean las cosas con buenos ojos, con optimismo, que sean críticos … y que no duden en hacerse respetar.

A las familias les diría que animen a sus hijos pero que les exijan de acuerdo a sus posibilidades y que, ante una duda, antes de inclinarse y de darle la razón al hijo, hablen con los profesores y escuchen las dos versiones; que es necesaria una relación sincera con el centro y que, a la larga, el beneficiado será su hijo. Asimismo, mis saludos y agradecimiento a todas las familias con las que he contactado en este tiempo.

A las altas instancias, solo les voy a decir que se preocupen por dignificar al profesorado; que no escatimen dineros ni puestos de trabajo en la educación; que cuiden la enseñanza pública y que les den a los profesores lo que se merecen.

Especialmente, quería dar las gracias al equipo directivo en el que tuve la suerte de estar unos años: Pilar Bonet, Directora; Carmen Bello, Secretaria (gran capacidad de trabajo y una cabeza muy organizada la de estas dos mujeres); Quique Muñoz, Jefe de Estudios, al que ya conocía desde mis primeros tiempos en Jaca, por jugar a baloncesto; José Luis Mur, Orientador y Lola Lacambra, coordinadora del Departamento de Extraescolares. Este equipo me dio la posibilidad de conocer desde dentro el funcionamiento de un Instituto y de establecer unas relaciones personales que espero permanezcan durante mucho tiempo.

Finalmente, quiero decir que ha sido estupendo estar en el Departamento de lengua. Durante bastante tiempo he sido el único “miembro” de ese departamento formado por mujeres: Concha, Nieves y  Carmen con las que tenía una amistad antes de venir al Instituto que ha aumentado hasta considerarlas como de la familia; con ellas  he compartido mis penas y alegrías y con las que he trabajado estupendamente. Al mismo tiempo, mis recuerdos para las personas que han estado en el Departamento Victoria, Helena, Virginia y Ana (casi como una hija) y para las que han estado conmigo este último año Raquel, Jorge y Patricia.